El Lekil Kuxlejalil: horizonte espiritual y ético-político de la resistencia territorial frente al extractivismo en Chiapas.
El Lekil Kuxlejalil: horizonte espiritual y ético-político de la resistencia territorial frente al extractivismo en Chiapas.
Gabriel Mendoza Zárate1
Introducción: el choque de dos ontologías políticas
Nos encontramos hoy en un punto de inflexión histórica donde no solo se debate la viabilidad de un proyecto de infraestructura carretera, sino la persistencia misma de formas de existencia alternativas al modelo civilizatorio dominante (Escobar, 2014). La pretensión del Estado mexicano de imponer la mega-autopista San Cristóbal de las Casas - Palenque, en el estado de Chiapas, devela la reactualización de una teología política colonial y neoextractivista. A esta racionalidad subyace el dogma de que la tierra es una mercancía inerte y que el bienestar humano se reduce a la acumulación de capital, legitimando el sacrificio de comunidades enteras ante el altar del desarrollo moderno y el progreso lineal.
Frente a esta matriz de despojo, el Movimiento en Defensa de la Vida y el Territorio (Modevite), integrado de forma mayoritaria por comunidades mayas tseltales, ha articulado una práctica de resistencia que desborda por completo los cauces de la protesta social convencional (Mendoza Zárate, 2025; Rodríguez Petrova, 2025). No estamos ante una movilización coyuntural que persiga prebendas corporativistas o compensaciones económicas; nos hallamos ante la manifestación de una espiritualidad eco-comunitaria decolonial.
El sustento de esta insurgencia pacífica es una cosmovivencia y, de manera específica, el concepto vivencial de lekil kuxlejal (o lekil kuxlejalil), que se traduce como “vida plena”, “vida buena” o “vida digna”. El senti-pensar que quiero compartir es que la espiritualidad tseltal no constituye un ejercicio intimista de evasión o desarraigo del mundo (fuga mundi), sino una ontología ético-política y espiritual profundamente enraizada en el territorio. En este conflicto no está en juego la simple supervivencia de un grupo étnico, sino la vigencia de una sabiduría relacional que ofrece claves indispensables para superar la tendencia generalizada de colapso civilizatorio que la humanidad enfrenta en el presente (Rodríguez Petrova, 2025).
I. El Lekil Kuxlejalil y la ontología relacional del territorio
Para el pensamiento maya tseltal, la vida plena no se cuantifica mediante variables de producto interno bruto ni en la velocidad de los flujos de mercancías. El lekil kuxlejalil representa una sabiduría del corazón (López Intzín, 2015; Lenkersdorf, 2005; Ribera, 2021). que unifica el sentir, el pensar y el actuar del colectivo en una red de interdependencia con el entorno. Esta perspectiva se contrapone a la escisión occidental entre naturaleza y cultura, erigiendo en su lugar una ontología relacional donde podemos encontrar los siguientes componentes:
1. La armonía integral (Slamalil k’inal) como eje ontológico
La condición imprescindible para el florecimiento de la vida buena es el slamalil k’inal, una armonía multidimensional que rechaza la fragmentación. Esta noción exige el equilibrio con uno mismo —donde el corazón se asienta en serenidad (nakal o’tanil)—, la paz social con la familia y la colectividad, y una vinculación de respeto irrestricto hacia lo sagrado y la Madre Tierra (Me’tik Lum K’inal) (Ribera, 2021).
2. El "nosotros" cósmico y el "un solo corazón" (Jun pajal o’tanil)
En la cosmovisión tseltal, el sujeto no se concibe de forma atomizada o individualista. El concepto del "nosotros" (tik) trasciende la esfera de las interacciones humanas para abarcar a los animales, las plantas, los cerros y los manantiales (Lenkersdorf, 2005; Pérez Moreno, 2014). La comunidad alcanza el estatus de jun pajal o’tanil (un solo corazón o concordia) cuando opera la convicción de que lo que afecta a un elemento de la red afecta a la totalidad del tejido vivo (Maurer Ávalos, 2021; García Reyes, 2010). Por ende, las decisiones políticas encaminadas a la construcción del gobierno comunitario no se rigen por la lógica aritmético-impositiva de la mayoría de votos, sino por procesos asamblearios de búsqueda del consenso, donde todos los corazones logran coincidir (Cubells Aguilar, 2021).
3. El territorio (Lum k’inal) como sujeto vivo y sagrado
Contrario al reduccionismo extractivista que tipifica al suelo como superficie geométrica expropiable, el tseltal afirma que el territorio posee corazón (o’tan) y alma (ch’ulel) (Ribera, 2021, Santiz Gómez, 2015). Ningún miembro de la comunidad sostendría de forma legítima que la tierra le pertenece; la certeza ontológica es que los seres humanos pertenecen a la tierra (García Reyes, 2010). Los accidentes del relieve, las cuevas y las montañas no son recursos geológicos, sino moradas de los ancestros y de los guardianes espirituales (Ajawetik) con quienes se entabla un diálogo intersubjetivo continuo (Pérez Moreno, 2021). El acto mismo de cultivar la milpa se percibe con reverencia y delicadeza, como un "lastimar el santo rostro" de la Madre Tierra (García Reyes, 2010), lo cual exige rituales de petición de perdón y ofrendas de reciprocidad para restaurar de forma permanente el equilibrio cósmico (Maurer Ávalos, 2021).
II. Rasgos de la Espiritualidad Eco-comunitaria Decolonial como praxis de resistencia
Cuando el Modevite sale a las carreteras, realiza peregrinaciones o reconstituye sus Sistemas Normativos Internos para avanzar hacia el autogobierno, está traduciendo esta matriz espiritual en categorías ético-políticas. Los rasgos esenciales que configuran esta espiritualidad eco-comunitaria decolonial como motor de la resistencia territorial se despliegan en los siguientes aspectos:
1. El respeto (Ich’el ta muk’) y la reciprocidad territorial
El ich’el ta muk’ es el valor que otorga grandeza y dignidad a cada componente del cosmos (Bolom Pale, 2024; López Intzín, 2015; Ribera, 2021). En el contexto de la resistencia frente a la autopista San Cristóbal-Palenque, este principio se convierte en un imperativo de defensa radical: dañar a la Madre Tierra mediante la devastación que conllevan los megaproyectos de cemento y asfalto implica una agresión directa contra el cuerpo-territorio, la identidad y el espíritu de la comunidad entera. La resistencia es, de este modo, el cumplimiento de un deber de reciprocidad sagrada (Trigueiro de Lima, 2021).
2. La comunalidad (Komonaletik) y el servicio (poder obedencial)
Frente a la burocratización de la política estatal, el Modevite y las estructuras del gobierno comunitario revitalizan el komonaletik. El trabajo común (komon a’tel) y el ejercicio de cargos públicos no se asumen como plataformas de ascenso individual o enriquecimiento, sino como servicios gratuitos y obligatorios orientados al sostenimiento de la cohesión social y el cuidado de la vida colectiva (Roulund, 2021; Trigueiro de Lima, 2021; Cubells Aguilar, 2021; Mendoza Zárate, 2021). El servidor está a las órdenes de la comunidad (Morales, 1994); ejerce el servicio como un poder obedencial (Dussel, 2006). La madurez y autoridad de un miembro del pueblo se validan por su capacidad de entrega desinteresada al bienestar común.
3. Soberanía alimentaria como resistencia biocéntrica
La defensa de la semilla nativa y del sistema de la milpa frente a la lógica agroindustrial del mercado globalizado es un pilar material del lekil kuxlejal. Comer de la propia tierra de forma sana y autónoma es un acto político de desobediencia civil y decolonial. Al rechazar los insumos que intoxican el rostro de la Me’tik Lum K’inal, la comunidad ejerce una medicina preventiva que entiende la salud como un estado de equilibrio indisociable entre el cuerpo biológico, el cuerpo social y el cosmos (Ribera, 221; Parra Vázquez et al, 2021).
III. Horizontes ante el colapso civilizatorio: una espiritualidad arraigada como alternativa global
La modernidad eurocéntrica y capitalista padece una ceguera ontológica autoinfligida. Al concebir el mundo bajo esquemas mecánicos y puramente utilitarios, ha desencadenado un colapso civilizatorio de alcances planetarios que amenaza las condiciones elementales de la biosfera (Escobar, 2014). Es en este contexto de vulnerabilidad global donde la praxis decolonial del Modevite adquiere una relevancia de escala universal.
En ese sentido, la espiritualidad eco-comunitaria de los pueblos mayas no opera bajo las lógicas coloniales de la fuga mundi. No estamos frente a misticismos de carácter intimista que buscan la salvación del alma mediante la evasión de las contradicciones de la historia. Al contrario, la espiritualidad tseltal es una mística de ojos abiertos, profundamente encarnada en las texturas del suelo, del agua y del bosque de las comunidades. Se reza caminando el territorio; se rinde culto a lo divino defendiendo el manantial frente a las dinámicas corporativas y gubernamentales de despojo.
Esta espiritualidad opera como un dispositivo de re-existencia (Walsh, 2013), noción que implica la capacidad de los pueblos oprimidos para inventar la vida cotidianamente y disputarle la soberanía al Estado desde marcos civilizatorios ajenos a la hegemonía occidental. Mientras que la teología política del Estado-Nación apela al estado de excepción (Schmitt, 2009) permanente para justificar el extractivismo bajo el pretexto del desarrollo, la espiritualidad eco-comunitaria decolonial del pueblo tseltal antepone la sacralidad de los bienes comunes como un límite infranqueable para la voracidad mercantil.
Conclusión
La experiencia histórica del Modevite en Chiapas devela con claridad que la defensa del territorio y la construcción del gobierno comunitario constituyen, en su raíz, un mismo y unificado quehacer espiritual y político. La resistencia comunitaria organizada contra el megaproyecto de la autopista San Cristóbal-Palenque es la manifestación palpable de que el lekil kuxlejalil no es un concepto arqueológico ni un constructo folclórico para el consumo turístico, sino una alternativa política y decolonial plenamente vigente.
Al recordarnos que formamos parte de un "nosotros" cósmico y de que pertenecemos a una Madre Tierra dotada de corazón y conciencia, las comunidades tseltales nos ofrecen las herramientas conceptuales e históricas para desmontar las estructuras antropocéntricas de la modernidad colonial. Escuchar y acuerpar la voz del Modevite no es un acto de solidaridad condescendiente; es una exigencia de supervivencia compartida. En el grito de resistencia de estos pueblos se resguarda la semilla de un porvenir posible, recordándonos con firmeza que la vida no se vende y que el territorio, como santuario de la existencia común, se defiende de forma impostergable.
1 Académico de tiempo completo en el Departamento de Ciencias Sociales y miembro del Observatorio de Participación Social y Calidad Democrática de la ibero Puebla. Acompaña al Modevite desde hace más de diez años. Correo electrónico: gabriel.mendoza@iberopuebla.mx. Ponencia para el Foro Pluriversos de la Justicia: Modevite: la lucha por la vida y el territorio, en la sede de la SCJN, 8 de julio de 2026.
