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“Ley regresiva e inconstitucional"

“Ley regresiva e inconstitucional"


Introducción.

Somos el Colectivo Caminos de Vida y Resistencia, acompañamos de cerca el corazón de los pueblos originarios, caminamos con las comunidades y esto nos hace poder conocer sus dolores y alegrías, sus preocupaciones, sus alternativas de solución y la lucha de resistencia que, por años -los cuales se han hecho siglos- han enfrentado a través de su organización sustentada por la sabiduría que sus antepasados les han dejado.

El artículo que hoy ofrecemos es referente a la imposición de la Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos, la cual desde nuestra visión como defensores de los derechos de los pueblos representa un despojo legalizado, así como la negación perpetua de reconocer el derecho colectivo de la autodeterminación de los pueblos originarios.

I. Contexto histórico: 


Hagamos un poco de memoria. El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón llegó a territorio americano, o simplemente a un territorio diferente al europeo; por muchos años se trató de una fecha significativa, pero con el paso del tiempo causó rechazo y protestas, sin embargo, el gobierno continúa imponiendo una celebración cambiando solo de nombre, actualmente se llama “día nacional de la pluriculturalidad”, esto por decreto oficial desde 2020. Aunque puedan cambiar los motivos de la celebración, no podemos borrar de la memoria histórica lo que pasó después de esta fecha, en donde pueblos completos fueron exterminados, se impuso una cultura diferente, se saquearon territorios, llevándose las riquezas al continente europeo.  

Pensándolo bien, y ¿quién dice qué celebramos? ¿Quién señala los motivos de la celebración? 
Al parecer todo inicia cuando la reina regente María Cristina firmó un decreto real para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América, y es en 1918 que El rey Alfonso XIII oficializó la fecha bajo el nombre de “Día de la Raza”, con el objetivo de conmemorar la llegada de Cristóbal Colón a las Américas y el encuentro de dos mundos. ¡Vaya osadía! 
México se une a esta conmemoración en 1929 a través de un decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación.

Actualmente el gobierno federal y sus instituciones imponen nuevamente sus criterios para celebrar, presentando ante el Congreso de la Unión la propuesta de Ley general de los Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos, después de una consulta simulada, llena de omisiones e imposiciones, acompañada de manipulación de narrativas. Sin embargo, los pueblos imponen su celebración del día de la resistencia, siendo así que Claudia Sheinbaum anunció en su mañanera que la consulta de dicha propuesta se amplía, por motivos de disonancia que los pueblos han manifestado.

II. Historia de resistencia del pueblo indígena


El 12 de octubre de este año se cumplen 534 años de resistencia de los pueblos originarios, y los pueblos celebran resistiendo, denunciando, demandando el respeto a sus derechos como pueblos originarios. El despliegue de las luchas de resistencia de los pueblos indígenas en México, abarca un proceso histórico continuo de más de 500 años frente al despojo territorial, la imposición cultural y la exclusión.

El ejercicio de la autonomía y de la libre determinación de los Pueblos Originarios nunca ha venido de arriba, los pueblos los han ganado a base de mucha organización, de análisis, de acuerdos y lamentablemente con mucho desgaste, represión, criminalización y masacres. Así lo dice la historia y hay que ubicarla en su justo lugar. Ahora son las mismas autoridades oficiales que levantan la bandera de la lucha zapatista, de los Acuerdos de San Andrés para decir que la nueva Ley indígena es respuesta a lo que han demandado por años y ahora el gobierno les está haciendo justicia. Gritan con tanto orgullo “¿quién puede decir que esta ley está mal?” por lo menos se tiene el registro de 112 comunidades, municipios y regiones de 15 pueblos indígenas y afromexicanos en todo el país que han manifestado inconformidad o rechazo a la iniciativa de Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos, tanto por su contenido como por la forma en que se ha sometido a consulta.

III. Nueva Ley indígena
 

Retomando las mismas palabras de los pueblos, esta ley “representa una regresión inconstitucional que burocratiza la autonomía, desprotege la pro-comuna y desnaturaliza el Consentimiento Previo, Libre e Informado, violando el principio pro-persona y la prohibición de regresividad normativa consagrados en el artículo 1.º Constitucional”
Esta iniciativa de ley y el proceso de consulta traicionan la confianza que las comunidades depositan en el gobierno, en el INPI, y en sus autoridades municipales. Vemos una ley que dará continuidad al proyecto neoliberal de despojar, privatizar las tierras y territorios de los pueblos indígenas del país, lo cual inició con la reforma al artículo 27 constitucional en 1992.

“Esta ley fue elaborada por una cúpula allegada a la presidenta de la República, no es hecha para los pueblos indígenas, sino para facilitar el acceso de los grandes capitales a nuestros territorios; saquear, destruir y mercantilizar nuestros bienes comunes, naturales y culturales, atacando y reprimiendo a los pueblos en resistencia frente al embate capitalista, patriarcal, extractivista y colonial”, asegura el CNI.

Lo han dicho ya los pueblos, el proceso de consulta ha violado artículos Constitucionales, así como el Convenio 169 de la OIT. Se excluyeron a comunidades y miles de personas que no estaban registradas en el Catálogo previamente en el INPI a través del Faispiam. Un documento de 453 artículos, 37 días o menos para estudiarlos, vocabulario técnico, las comunidades no contaron ni con el tiempo suficiente para el estudio ni con los conocimientos básicos para su compresión, unido a esto la ausencia de la traducción en los diferentes idiomas. Y para terminar de cerrar el proceso, se armaron asambleas regionales de menos de 5 horas de trabajo para escuchar la palabra de las comunidades para incluirlas en el documento. Realmente nos deja mucho que pensar todo este montaje del reconocimiento de la palabra de los pueblos originarios.

Parece que la historia de resistencia no terminará con esta ley, al contrario, se duplicarán el esfuerzo. Las principales críticas y protestas se refieren al contenido y fondo de la propuesta presidencial, pues la consideran “regresiva” y hasta “inconstitucional”

¿Qué sigue para nuestros pueblos?
Ante una guerra impuesta por el Estado, que busca perpetuar el despojo de los bienes comunes que han sostenido la vida de nuestros pueblos durante más de 500 años, los pueblos originarios continúan defendiendo sus territorios. Territorios que han sido cuidados y habitados por generaciones; espacios donde se recrean las culturas, se resguardan los lugares sagrados, se fortalece la vida comunitaria y se renueva, día a día, el vínculo profundo con la Madre Naturaleza.

Para nuestros pueblos, la Madre Tierra no es una mercancía ni un recurso para la explotación y la acumulación de riqueza, como la conciben los gobiernos y el capital. Es fuente de vida, alimento y cobijo; es el territorio donde se arraigan la memoria, la identidad, la espiritualidad y las formas comunitarias de existir. Son dos miradas, dos concepciones del mundo y dos formas de vida en confrontación: una que pretende imponerse mediante la fuerza y a través de leyes que, lejos de recoger el sentir y la voluntad de los pueblos, se elaboran y aprueban sin su consentimiento real.

Frente a ello, los pueblos continuarán resistiendo y construyendo sus propias formas de organización comunitaria y autonomía, así como alternativas de vida inspiradas en la cosmovisión del Lekil Kuxlejal y el Ich’el ta muk’: el Buen Vivir, el respeto profundo a todo lo que tiene vida y el reconocimiento de la dignidad de las personas y de los pueblos.

Desde esta raíz, la construcción de paz nace de la búsqueda permanente del equilibrio y la armonía con la Madre Tierra, con los seres humanos y con el Gran Espíritu. Es una paz que se teje desde la comunidad, el cuidado de la vida, el respeto a la dignidad y la recuperación del equilibrio del corazón: Kuxetel O’ntonal, Slamalil O’tanil.

 

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